ViaNorocOarte

16.06.2017

Arleq tomaba su suéter multicolor y brillante con hermosos destellos al igual que los de un arcoíris mientras prendía su computadora. Aquel día era uno como ninguno, el cielo era nublado, con una pequeña brisa y un precioso aroma, como el de un Jacinto. La computadora había sido iniciada y estaba cargando todos los programas, pero Arleq aún tenía puesto únicamente su camisa de la banda virtual Godzillaz con su suéter arcoíris encima y un bóxer color celeste que curiosamente le combinaban con su pelo azul. Arleq era un chico de piel aperlada tenía una altura de 1.65 m.

-¡Baja en este instante enano!- dijo una voz masculina pero meliódica.

-¡Bajo en un momento Vickseon!- respondió el chico de pelo azul.

La casa en la que vivía Arleq era de tres pisos: poseía cinco baños, uno para cada recámara y dos para el primer y segundo piso; tenía por fuera un color grisáceo y tal vez un poco melancólico, pero por dentro las paredes eran de un color verde claro que a casi cualquier persona que lo viera se llenaría de alegría; tenía un gran comedor y una cocina muy completa. Pero Arleq no vivía solo, vivía con su mejor amiga Mafli y su mejor amigo Vickseon. Mafli era morena, de pelo largo y negro como un cuervo, y tenía un estatura alrededor de 1.7 metros. Vickseon era de piel clara, con el pelo corto y café, además de tener una altura de 1.8 metros.

-¡Si no bajas iré por ti a través de un portal y te mandaré al centro de la tierra!- dijo una voz femenina pero dura.

-¡Si lo haces Mafli, te mato!- respondió una vez más Arleq.

Bienvenido a ViaNorocOarte

¿Desea iniciar?

Si No

Era el mensaje que apareció en la computadora de Arleq. "Si". Esa fue su respuesta.

Buena suerte: Harlequin

Recuerde no morir.

Arleq apagó el equipo y bajó corriendo las escaleras sin darse cuenta de que seguía en bóxers. Se dirigió rápidamente a la cocina y puso un par de rebanadas de pan en la tostadora.

-Rápido Arleq, tienes que ser más rápido, si sigues siendo así de lento no te aceptarán en la... ¡¿Pero qué demonios?!- exclamó Vickseon al ver su celular.

-¿Ahora qué pasa exagerado?- preguntó Mafli viendo la vestimenta de Arleq.

-Ah...n-nada...no pasa nada, t-todo está en orden- dijo con gotas de sudor en el rostro.

-¿Seguro? Yo no veo que todo esté en orden, mira si lo que acaba de pasar es por Arleq, está bien, comprendo, yo también opino que es un maldito exhibicionista, la verdad no comprendo cómo a sus doce años ya va a terminar una carrera universitaria-.

-¡Si! Eso es muy cierto- intervino Arleq. -Soy un exhibicio-...un momento... ¡No tengo pantalón!- dijo al mismo tiempo que el pan salía volando de la tostadora.

-¡Exacto!- prosiguió Mafli. -Pero no debes de dejar que eso no te deje ir a estudiar- entonces Mafli atrapó los panes en el aire y los metió de un golpe en la boca de Arleq mientras lo sacaba de la casa a patadas.

Arleq cayó de un sentón en la banqueta y terminó sintiendo un punzante dolor en el trasero.

-Esa maldita... ¡¿Quién se cree que es ella?!- reclamó el chico de pelo azul, se levantó y comenzó una larga caminata la parada de autobús que lo llevaría al instituto en el que estudiaba...mientras comía su par de panes.

Durante el camino Arleq se topó con muchos ciborgs, cosa que para él no era algo sorprendente, pero le causaban lástima. ¿Por qué una persona se desharía de una de las cosas que lo hace humano solo para ser más...atractivo? Era algo ridículo, aunque eso sí, no todas las personas eran iguales, algunas lo hacían debido a que tenían alguna discapacidad, como los inválidos, pero no todos eran así. Para él las únicas personas con derecho a hacerse ciborgs eran aquellas que tenían alguna discapacidad.

Al llegar a la parada de autobús se encontró con algo peculiar, un chico de pelo negro que estaba vendado casi en su totalidad, lo único que dejaba ver era su ojo izquierdo, el resto estaba cubierto por vendas, tenía un estuche [LSDS1] largo y un poco ancho de color negro, como si fuera el estuche de algún instrumento de viento largo que solo aparece en las orquestas, y tenía una chamara amarrada a su cadera. El chico de vendas se le quedó mirando durante un tiempo, luego lo dejó de mirar y se sentó en el suelo de la banqueta.

Arleq estuvo esperando alrededor de unos 17 minutos cuando llegó el otro camión, al subir vio alrededor de catorce personas. Se percató de que una de las ocho turbinas del camión no funcionaba del todo bien. Con miedo y con el chico de las vendas detrás, le pagó al conductor. A pesar de que en esa época las máquinas habían llegado para quedarse, Arleq no sabía cómo era posible que aún muchas empresas seguían contratando humanos para hacer las labores. A veces las cosas nunca cambian.

El camión no estaba a mitad del camino que necesitaba recorrer Arleq para llegar a su instituto cuando aparentemente una de las turbinas dejó de funcionar. Sin duda alguna el chico de suéter arcoíris iba a llegar tarde. El chofer estacionó el camión en la orilla de una banqueta y con una intensa cara de fatiga y fastidio bajó a verificar qué ocurría. Desesperado, Arleq intentó meter su mano al bolsillo de su pantalón, pero recordó que no tenía puesto uno así que se le coloraron las mejillas al concientizar en dónde se encontraba.

-Una de las turbinas no funciona, repararla tardará un bien rato, yo digo que unas dos horas, pero si quieren pueden esperar afuera- dijo el chofer mientras se asomaba dentro del camión, luego todos los pasajeros bajaron de este.

Al estar afuera el chico de las vendas se acercó a Arleq, pero antes de que el chico en bóxers pudiera mencionar una sola palabra se empezó a percibir un pequeño sonido similar al que hacen los objetos al caer de un lugar muy alto. Cada vez se hacía más fuerte.

De pronto una roca del tamaño del camión se estrelló contra este. El chico de las vendas sujetó fuerte a Arleq y lo llevó al otro extremo de la calle. Al llegar al otro lado se voltearon para ver lo sucedido, había caos, muchas personas encapuchadas con espadas en lugar de manos atacaban a las personas que iban dentro del camión.

Una niña que tenía el pelo con forma de cacerola y de color verde, un short de mezclilla negro y una especia de gabardina transparente de seda color amarillo sacó de sus bolsillos múltiples tablitas de metal de diversos colores con un tamaño cercano al de la mano de la chica, y las lanzó al aire. La niña al hacer esto se alejó lo más posible de los encapuchados para luego sacar un control con distintos botones de colores en este: rojo, rosa, amarillo, azul y verde. Presionó el rosa y las tablitas se transformaron en mariposas delgaditas con una estética muy robótica, luego estas comenzaron a volar rápidamente en el aire sin salirse de la zona de los encapuchados. Muchos cayeron heridos creando un mar de gritos, pero otros se mantenían de pie aun teniendo clavadas las mariposas robóticas.

Pero entonces escuchó un choque metálico detrás, y al voltearse se sorprendió al ver al chico de las vendas defendiendo con el estuche a ambos de un encapuchado. De manera frenética y audaz, Arleq metió su mano en el bolsillo derecho de su suéter de arcoíris y al sacarlo tenía una mano de hierro, pasó por debajo de la espada y el estuche para llegar al encapuchado y golpearlo fuertemente en el estómago, luego, Arleq se retiró de manera veloz a la guardia trasera del chico de las vendas mientras el encapuchado caía al suelo con pequeños agujeros sangrando en el estómago.

-¿Qué clase de mecanismo es ese?- dijo una voz rasposa y ronca, Arleq tardó en comprender que esa era la voz del chico de las vendas.

-No debería de decírtelo, pero controlo los metales- respondió Arleq.

-¿Cómo es eso posible?-.

-Pues, es muy simple, solo necesito instalar un chip en mi cerebro- dijo Arleq mientras apuntaba la parte derecha de su cabeza.-Una vez hecho eso solo necesito conectarlo con un guante de plástico en mis manos y luego esparzo un polvo sobre el metal que quiero manipular. El resto es de mi imaginación.

-Ya veo, seguro eres de los finalistas-.

-No lo sé, esa chica parece ser una verdadera finalista-dijo mientras miraba a la chica de la gabardina transparente color amarillo.

-Es cierto, al parecer el comportamiento de sus tablas, y tal vez también la apariencia de las mismas, se debe a ese control, si ella no lo posee será fácil matarla-.

-Y bueno ¿Qué me dices de ti?-.

-Pues...-el chico vendado abrió su estuche para dejar ver un machete.-Este no es un simple machete, es algo similar a tu mecanismo, lo que hace es que puede tomar diversas formas, a diferencia del tuyo, este tiene una capacidad limitada de materia, si quiero algo más grande, necesito más metal, además de que tengo formas limitadas, pero por si te lo preguntas, lo que altera su forma es el estuche-.

-Ya veo, soy Arleq-.

-Buiw, mucho gusto-.

-Supongo que estás aquí por la paga-.

-La verdad no, estoy aquí por el hecho de que hay gente que busca matar, así que lo hacen a escondidas, aunque ellos no fueron muy discretos que digamos-.

-Entonces... ¿Te gusta matar?-.

-Me encanta-.

-De acuerdo, jajaja-.

-¿Y tú? ¿Estás aquí por el dinero?-.

-Sí, me gustaría comprarme muchas cosas para poder continuar con mis investigaciones, hoy en día no es fácil hacer tu propia investigación, si es que quieres patentarla, eso está claro-.

-Eso es muy cierto compañero...muy cierto...-.

-En esta época ya es poco lo que importa, a la gente le importa su propio ser, solo mira a estos tipos encapuchados, se quitaron sus brazos para ponerse espadas, no les importó su cuerpo, solo mira la cantidad de ciborgs hoy en día...al humano ya no le importa su cuerpo.